Últimamente se habla mucho en torno a los beneficios que ofrece Mindfulness. Si bien los artículos científicos se han multiplicado exponencialmente esta última década, demostrando la eficacia de la práctica, también es cierto que por la red vemos artículos que tratan de vendernos Mindfulness como la panacea para curar todos los males del mundo.
Como dijimos en el primer artículo, Mindfulness está de moda y, por tanto, hay mucho geta suelto que trata de aprovecharse del tirón para vendernos pseudociencia.
En este artículo veremos toda la evidencia que ha demostrado Mindfulness, así como aquellos casos en los que está desaconsejado porque, si, no solo no es la panacea sino que en manos inapropiadas puede generar perjuicio.
Que Mindfulness genera bienestar psicológico y físico es algo que podemos experimentar a las pocas semanas, pero…
¿Qué beneficios tiene el Mindfulness?
Lo primero que nos encontramos cuando nos acercamos a la ciencia de Mindfulness es la falta de un modelo que aglutine todas las investigaciones. De todas las propuestas publicadas, el »Modelo de Hölzel» es el que más aceptación tiene dentro de la comunidad científica.
Su artículo puede resumirse en cinco mecanismos de acción:
Regulación atencional:
Este mecanismo es el más evidente, desarrollándose en las fases iniciales de la práctica. El movimiento continuo de hacernos conscientes de la pérdida de atención, volviendo al punto de anclaje, es lo que desarrolla esta cualidad, mejorando la atención de la persona practicante.
Aumento de la conciencia corporal:
Toda la práctica de Mindfulness está estructurada en torno al cuerpo, que sirve como objeto de observación de la experiencia. La atención al momento presente desarrolla la conciencia corporal, pues los únicos fenómenos que siempre se encuentran aquí y ahora son parte del cuerpo. Este mecanismo se activa en las fases iniciales e intermedias de la práctica.
Por otro lado, la ciencia está avanzando también en el estudio de lo que se conoce como »embodiment». En este sentido, se está demostrando que los estados corporales (movimientos, posturas, etc.) influyen y modifican pensamientos y emociones.
Regulación emocional:
La practica del Mindfulness facilita la regulación de las emociones de dos formas.
La primera hace referencia a la capacidad de revaloración. El practicante es capaz de identificar y observar sus emociones. Esto genera un proceso de adaptación a la emoción negativa, pudiendo realizar una lectura positiva desde el aprendizaje que nos aporta.
El otro proceso implicado está relacionado con la capacidad de exposición. Durante la práctica, nos exponemos a todo lo que está presente en el campo de la conciencia, incluidas las experiencias emocionales, observándolas sin alterarlas o reaccionar a ellas. Esta exposición genera una habituación a las emociones y, con ello, mayor capacidad para regularlas.
La regulación emocional se alcanza en las fases intermedias y finales de un entrenamiento en mindfulness.
Cambios en la perspectiva del ‘’yo’’:
Se conoce también como ‘’deconstrucción del yo’’, y surge gracias a la práctica continuada.
Como comentamos en otro artículo, nuestra mente en »piloto automático» se caracteriza por un diálogo interno continuo y automático que filtra y distorsiona la realidad.
La observación de nuestros procesos mentales conlleva el desarrollo de la metacognición, es decir, nos permite observar nuestros pensamientos y ver los mismos como eventos mentales que no necesariamente tienen que ver con la realidad. Por otro lado, el diálogo interno genera nuestra historia autobiográfica, nos dice quiénes y cómo somos. La práctica continuada permite la reducción de este dialogo interno y por tanto otra forma de relacionarnos con nosotros mismos.
Como consecuencia, nos damos cuenta de que nuestro »yo» no es algo fijo y permanente en el tiempo, sino algo que va transformándose, perdiendo el peso que sobre nosotros tienen las etiquetas que nos hemos ido poniendo.
Además de los beneficios principales explicados, estos mecanismos van a generar una serie de beneficios »colaterales», como son la reducción de stress, aumento de la aceptación, un mayor bienestar psicológico, aumento de la capacidad sensorial y propioceptiva, mejora de la calidad del sueño, mejora cardiaca y de la función respiratoria… incluso, tal y como se ha demostrado recientemente, un aumento de la esperanza de vida.
Sin embargo, como hemos explicado al principio, existen ciertas contraindicaciones si el profesional no tiene la experiencia suficiente para adaptar las prácticas.
En participantes sanos pero con poca motivación, muy críticos o con actitud de oposición, la práctica no le va a hacer ningún daño, pero tampoco le va a aportar beneficios o estos van a ser muy bajos.
Pero con quienes hay que tener especial precaución es con personas con problemas de salud mental severos, personas con riesgo o antecedentes de crisis disociativas, o personas con discapacidad intelectual grave, epilepsia, baja conciencia de su estado o muy medicadas.
