Desde finales de agosto y durante todo septiembre se van celebrando a lo largo y ancho del país las distintas fiestas de ‘’Gracias’’. Una tradición que conocemos bien quienes tenemos pueblo, pero que también perduran en ciertas ciudades. En estos momentos, sin ir más lejos, estamos celebrando en Logroño San Mateo. En el fondo no deja de ser nuestra particular fiesta de ‘’Gracias’’, en este caso rebautizada como ‘’Fiesta de la vendimia’’.
Más allá de las verbenas y la fiesta, si hurgamos en el origen y esencia de estas tradiciones podemos extraer una enseñanza de lo más interesante que podemos aplicar en nuestro día a día.
Y es que nuestros antepasados eran gente sabia. Conocían la esencia de la vida: La Impermanencia.
Sabían que todo estaba en constante cambio. Que las estaciones se sucedían, que su control era limitado y que, por tanto, había una parte del resultado que dependía de ellos, de su trabajo, y otra que estaba en manos de lo que durante el año fuese aconteciendo en forma de sequías, heladas y otros eventos.
Y al final de todo ese proceso, fuese cual fuese el resultado, lo aceptaban y daban las gracias por ello.
Más allá de la perspectiva religiosa de la tradición, si se llevaba a cabo es porque tenía un sentido e impacto positivo en la vida de las personas, más aún en una época en que las consecuencias de un mal año podían significar la desnutrición o muerte de tus seres más queridos.
¿Que dónde quiero llegar con todo esto?
Pues quiero presentar una herramienta poderosa, sencilla y gratuita con enorme impacto en nuestro bienestar psicosocial y que se viene practicando desde que el humano es humano: La Gratitud.
Nuestro cerebro está diseñado para ver el mundo con un filtro pesimista. Esto tenía sentido en nuestros orígenes y lo hemos heredado por selección natural: Las personas más optimistas eran más lanzadas y asumían más riesgos, teniendo por tanto más posibilidades de morir en el intento. Las personas más negativas, las que se planteaban más problemas o se cuestionaban más los posibles resultados negativos de una acción, eran más inmovilistas y, por tanto, sobrevivían más, legándonos su genética.
Afortunadamente ya no vivimos en esa época. En el día a día nos enfrentamos a pocos o ningún evento que pueda suponer un problema real para nuestra existencia. Nuestros problemas son de otro tipo. La mayor parte del sufrimiento que padecemos solo está en nuestra cabeza, en nuestros juicios, en nuestras expectativas frustradas y forma de filtrar el mundo.
La práctica de la gratitud nos permite darle la vuelta a la tortilla. Nos permite superar la mentalidad de carencia y poner el foco en el lado luminoso de la fuerza, en lo que tenemos y disfrutamos.
El proceso de aceptación de las familias cuidadoras de personas con discapacidad es complejo. Realizaremos un artículo especial para hablar de ello.
Pero si algo lo caracteriza es ese filtrado, esas expectativas frustradas, esos ‘’deseos de normalidad’’.
Practicar la gratitud es un primer paso para empezar a vivir tu vida con otra mirada: Aceptando que hay elementos que son como son y no está en nuestra mano cambiarlos. Observando y viviendo toda experiencia positiva que vives en tu día a día con plenitud.
Y esto, como todo en la vida, es un proceso, un camino. Al principio solo verás oscuridad en él, te costará ver luces en tu senda. Pero poco a poco y con práctica empezarás a descubrir historias hermosas que estaban ocultas entre las sombras. Historias con luz propia que te ayudarán a seguir caminando.
En el siguiente post os daré ideas prácticas para poder poner todo esto en marcha con acciones concretas, así que, estad al tanto porque se vienen cositas muy interesantes.
Hasta entonces podéis echarle un ojo a esta meditación de mi canal que podéis realizar cada noche para empezar a vivir desde el agradecimiento:
